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No me he sentido bien estos últimos días. No sé si son el otoño o los años que acumulo los causantes de mi estado. Sales a la calle y te encuentras con los árboles vestidos de colores, los caminos florecidos de amarillo, rojo, plomo y tú caminando crujiente. El pasto esta canoso, se siente el frío y no podemos dejar los guantes de lana en el baúl del verano. Vamos enguantados, bien protegida la garganta con una buena bufanda.
Mi vecino iraní del piso dos, va más allá. Usa una especie de cinta con la que cubre su nariz y su boca. Dice que hay que cuidar de respirar aire frío y así calcula que podrá llegar hasta los noventa.
Estas noches frías son muy claras. Al final de los noticieros sueco y español, me paro a oscuras frente a la ventana del living. Anoche fue muy especial. Creo que eran las 11 y miraba cómo los automóviles se desplazaban hacia Sandeslätt. |
EL ABRAZO NEGRO
Se veían desesperados por llegar a su destino, conducidos por sus dueños después de sus largas jornadas de trabajo, apurados para encontrarse con sus parejas para hacer el amor, ver las películas de los jueves, aquellas que encargas por Internet, cenar y mirar a los hijos que duermen hace rato.
Estaba de pié, contando los automóviles, juntos parecen un tren de sombras y luces pequeñas, largas, blancas o amarillas, precediendo a las sombras negras. Pasan por mi ventana y quedan sus luces rojas que se prenden y se apagan en cada bache.
De pronto un frío llegó revoloteando en torno a mi cuerpo. Fue como un tornado de lugares ignorados. Se agitaron las cortinas, las plantas cambiaron de color y sus hojas se pusieron mustias. Los automóviles camino a Sandeslätt ya no fueron mas. Y sentí mi propia desaparición. Era la muerte que me abrazaba, negra, diciéndome al oído que había llegado mi turno. Igual que cuando me convertí en gota, no tuve tiempo de avisarle a nadie. |
foto: Yarko Rhea Salazar |
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HUGO FERNÁNDEZ
Hugo sabe captar, acertadamente, la esencia misma de las noches en vela. "El Abrazo Negro" es una muestra de ello.
"Quién soy o quién fui?
En el tiempo, diferentes cosas, nada espectacular, pero eso si, comprometido con mis causas. Las ganas de escribir ya las tenía a los 10 anos. Luego, en los diarios murales, en el liceo, o en el Comercial. Recuerdo el diario de circulación súper restringida, nacido al calor de las vacaciones y en tiempos de la adolescencia, escrito a máquina en un sólo ejemplar, ilustrado y coloreado por uno de mis hermanos.
No soy un escritor espectacular, escribo cuando siento la necesidad de manifestar mis sentimientos por medio de la palabra escrita. Soy un mal hablador, soy muy espontáneo y los motivos son diversos: ayer una joven musulmana subiendo por la escalera mecánica, otro día, un inmigrante extraviado de madrugada sentado en un banco de nuestra placita. Mañana? Ese mañana esta demasiado lejos".
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